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Catorce puntos para un Estudio Biblico

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por

Fred R. Coulter 

JESUCRISTO ES LA FUNDACIÓN DE TODO ENTENDIMIENTO BÍBLICO

Jesucristo es la cumbre de gloria del plan de Dios, la expresión suprema del amor de Dios para cada individuo que Dios llama. Por medio de Jesucristo y solamente Él, el amor maravilloso de Dios será con el tiempo manifestado a toda la humanidad-- Toda verdad Bíblica viene de Dios el Padre por medio de Jesucristo. Para poder correctamente entender las Escrituras, tenemos que ir hacia el Padre por medio de Jesucristo, quien es el camino, la verdad, y la vida. Es el Padre quien es el donador del Espíritu Santo a nosotros, para guiarnos en entendimiento de Su Palabra, cual es la Verdad (Juan 17:17).

JESUCRISTO REVELÓ EL ÚNICO CAMINO PARA ENTENDIMIENTO BÍBLICO

Jesús claramente enseño que es el Espíritu Santo--el Espíritu de Verdad-- que nos permite a llegar a un verdadero y completo entendimiento de la Palabra de Dios (Juan 16:13). Las palabras de Jesús mismo, como registradas por el apóstol Juan, enseñan que para poder recibir el Espíritu de Verdad, tenemos que amar a Dios el Padre y Jesucristo, y estar guardando Sus mandamientos. Cumpliendo estos requisitos es absolutamente esencial para cualquier individuo recibir el Espíritu Santo y para poder llegar hacia un entendimiento correcto de las Escrituras.

CINCO CLAVES PARA ENTENDER LA PALABRA DE DIOS

En adición a una actitud de amor, fiel, y obediente hacia a Dios, existen cinco claves que son esenciales para un entendimiento correcto de las Escrituras. Estas claves vitales para entendimiento siempre tienen que estar en mente cuando estudiemos la Palabra de Dios.

La primera clave vital es esta: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (II Timoteo 3:16-17).

Muchos que profesan de estudiar la Biblia, desconsideran completamente este punto vital. En vez de buscar la verdad de las Escrituras, ellos buscan versículos que aparentan a apoyar sus creencias personales, e ignoran los versículos que claramente contradicen sus creencias. Este método para estudiar nunca puede dirigir a una persona a un entendimiento correcto, porque niega que toda parte de las Escrituras son inspiradas. Aquellos que usan este método están enalteciendo sus propias creencias sobre la autoridad de la Palabra de Dios.

Cuando estudiamos las Escrituras, debemos siempre tener cuidado al buscar el significado verdadero de las palabras que fueron inspiradas por Dios. Ningún estudio de las Escrituras debe de estar diseñado para apoyar la posición del cuerpo doctrinal, o para justificar enseñanzas tradicionales de una iglesia, o para “comprobar” una interpretación personal de las Escrituras. Ninguno de estos motivos son aceptables. Y si estos motivos están involucrados, ¿creemos nosotros que Dios va dejar de ver tal engañoso uso de Su Palabra? Si creemos que podemos engañar a Dios, solamente nos estamos engañando a nosotros mismos.

Que no seamos culpables de tal actitud atrevida y farisaica hacia la Palabra de Dios. Más bien, debemos humildemente permitir a las palabras inspiradas de las Escrituras corregirnos e instruirnos en la verdadera justicia de Jesucristo.

La segunda clave vital para el entendimiento de las Escrituras es claramente enseñado en Isaías 28: ¿A quién se enseñará ciencia, o a quien se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿a los arrancados de los pechos? [Eso es, enteramente fundado en la Palabra de Dios y no un cristiano espiritualmente inmaturo alimentándose solamente de la leche de la Palabra].

El libro de Isaías nos dice que para poder entender doctrina, tenemos que estudiar las Escrituras línea sobre línea, y mandamiento tras mandamiento. Así es exactamente como debemos de estudiar cada cuestión doctrinal. ¡El Nuevo Testamento confirma este método para entender la Palabra de Dios y para establecer doctrina firme! “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero [en la Palabra de Dios], que no tiene de que avergonzarse que usa bien [correctamente, separando--mandamiento tras mandamiento] la Palabra de Verdad” (II Timoteo 2:15). “Acomodando lo espiritual a  lo espiritual”

Para poder llegar al conocimiento de la Verdad, tenemos que siempre seguir el método de estudio que encontramos en la Biblia--correctamente “separando” o “usando” la Palabra de Dios. ¡Cualquier otro método de estudio es inútil y todo en vano! Como Pablo enseñó a Timoteo, “Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes” (II Timoteo 2:14).”a no saber más de lo que está escrito”

¡Esto es exactamente lo que muchos ministros y los eruditos han hecho en sus enseñanzas doctrinales porque no han usado correctamente la Palabra de Dios! Congregaciones enteras han sido subvertidas por disputas sobre el significado de palabras importantes que son usadas en las Escrituras. Algunos maestros y ministros hasta se han empeñado en darle nuevos significados a palabras de la Biblia--usando sus propias interpretaciones y rechazando las definiciones autorizadas que se encuentran en los léxicos hebreo y griego. Cualquiera que usa tales prácticas está “usando la ley ilegítimamente,” como Pablo dijo, y terminan enseñando doctrinas que son falsas y satánicas, que lo único que hacen es socavar las mentes de sus seguidores. Desgraciadamente la historia de la religión está llena de multitudes de gentes que han enseñado falsas doctrinas, y multitudes de gentes las cuales han aceptado sus enseñanzas. Solamente aprendiendo a usar correctamente y separar la Palabra de Dios podremos reconocer y resistir estas doctrinas falsas.

La tercera clave vital para entender las Escrituras se encuentra en la segunda epístola de Pedro, adonde leemos, “Entendiendo primero esto [Griego protos--significa el primario, o el primero y cosa principal], que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (II Pedro 1:20-21).

En el mundo de hoy, nos encontramos con muchos falsos maestros que tuercen las Escrituras y por medio de engaño usan sus propias interpretaciones personales para poder convencer a otros que crean en sus falsas doctrinas. Para justificar sus enseñanzas, ellos pueden citar numerosas Escrituras. Para sus oyentes, sus enseñanzas suenan como que tienen autoridad, pero en el modo en que ellos aplican las Escrituras demuestra la astucia de ellos. Ellos están usando el mismo método sutil que usa Satanás el diablo.

¡Sí, hasta Satanás el diablo cita las Escrituras! Cuando Jesucristo estaba siendo tentado por el diablo en persona, Satanás no titubeo en citar las Escrituras. “Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra” (Mateo 4:6, Salmo 91:11-12).

Satanás citó correctamente esta Escritura, pero la empleo mal en su intento sutil para tentar a Jesús que se lanzara del pináculo del templo. Jesús resistió la astucia de Satanás aplicando correctamente las Escrituras. Él dijo, “Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios” (Mateo 4:7).

¿Cuál es la lección para nosotros de este acontecimiento? Es esta: ¡Aquellos quienes citan las Escrituras correctamente, pero alteran y emplean mal el significado, están siguiendo a Satanás--no sirviendo a Dios! Este ejemplo es registrado en las Escrituras como una advertencia para que nosotros estemos en alerta. Porque un ministro o maestro cite las Escrituras eso no asegura que está enseñando la verdad. ¡ESCRITURAS QUE SON CITADAS CORRECTAMENTE LA MAYORÍA  VECES SON USADAS INCORRECTAMENTE PARA ENSEÑAR FALSAS DOCTRINAS!

Los verdaderos sirvientes de Dios no usan tácticas falsas. El apóstol Pablo escribió de su ministerio, “Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia [o sea, teniendo una agenda escondida], ni adulterando la Palabra de Dios [o sea, aplicando falsamente las Escrituras], sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios” (II Corintios 4:2).

Aquellos que están verdaderamente sirviendo a Dios no usaran las Escrituras en un modo engañoso para promover sus propias ideas e interpretaciones personales. Ellos buscaran entender y enseñar el verdadero significado de las palabras que Dios inspiró por el poder de Su Espíritu Santo.

La cuarta clave vital para entender las verdaderas enseñanzas de las Escrituras se encuentran en las instrucciones de Pablo hacia los creyentes en Tesalonicenses: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (I Tesalonicenses 5:21).

El mandato de “examinadlo todo” [o sea, comprobar todo], es una responsabilidad que todo verdadero creyente debe de tomar toda su vida. Nosotros, como cristianos, tenemos que continuamente estar comprobando cada enseñanza que leemos o escuchamos por medio de un estudio cuidadoso de las Escrituras. Los cristianos de Berea fueron alabados porque ellos con diligencia buscaban en las Escrituras: “Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, [los Judíos que no creían, los cuales inmediatamente rechazaron las enseñanzas del apóstol Pablo que Cristo fue resucitado de la muerte], pues recibieron [los de Berea] la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11).

Este acontecimiento en el libro de Hechos revela que los Cristianos de Berea estudiaban con diligencia las Escrituras para comprobar si las cosas que habían oído eran verdad. Ellos no reaccionaron con ojos cerrados dejándose llevar por sus emociones ni negaron considerar las enseñanzas de Pablo. Sino que, ellos cuidadosamente examinaron las Escrituras y comprobaron hacia ellos mismos que Pablo en verdad, predicaba el verdadero mensaje de Dios.

Nosotros, como los de Berea, tenemos que diligentemente escudriñar y examinar las Escrituras para poder discernir entre verdadera doctrina y falsa doctrina. Mientras nosotros aplicamos nuestras mentes para este propósito, seremos adeptos en usar las Escrituras--no solo alimentándonos de la “leche” de la Palabra pero capaces de poder manejar “alimento sólido”. Si no ejercitamos nuestras mentes y aprendemos a discernir verdad entre error, nosotros no seremos Cristianos espiritualmente maduros. “ Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la Palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5:13-14).

Demasiados Cristianos han permanecido como niños espirituales porque ellos han transferido sus responsabilidades que Dios les ha dado de discernir verdad entre error hacia un ministro o a un concilio de alguna iglesia. Sus ministros le han dicho que ellos, los legos, son incapaces de entender las Escrituras y tienen que someterse a las decisiones doctrinales de sus líderes, cuales solamente pueden interpretar las Escrituras. Pero nunca fue la intención de Dios que nosotros, como individuos creyentes, pusiéramos nuestra confianza en líderes humanos los cuales declararían que ellos solamente tienen la autoridad de establecer doctrina. Cristianos que lo han hecho se han hecho susceptibles a un engaño doloroso. Ellos se han olvidado de las muchas advertencias en el Nuevo Testamento de estar alerta contra falsos maestros y falsos apóstoles los cuales pretenden servir a Dios. El apóstol Pablo dio advertencia, “Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras si a los discípulos” (Hechos 20:29-30).

Igualmente, el apóstol Pedro fuertemente dio advertencia a los hermanos. “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado. Y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (II Pedro 2:1-3).

Exactamente como fue advertido por Pablo y Pedro, muchos cristianos en las iglesias del Nuevo Testamento fueron subvertidas y alejadas de las verdaderas doctrinas de las Escrituras porque ellos se descuidaron de “comprobar todas las cosas” y no examinaron y comprobaron las enseñanzas de estos falsos apóstoles. Pero la iglesia en Éfeso no se olvidó de las advertencias y avisos de Pablo y Pedro, y de los otros verdaderos apóstoles. En el libro de Apocalipsis, Jesucristo encomendó a los creyentes de Éfeso porque ellos examinaron y comprobaron a aquellos que proclamaban que eran apóstoles y los comprobaron ser mentirosos. “Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos” (Apocalipsis 2:2).

Como estos falsos maestros profesaban ser ministros de Jesucristo, podemos estar seguros que ellos citaban las Escrituras. Sus falsas doctrinas tendrían que haber parecido tener mucha autoridad y serian muy convincentes, porque ellos lograron socavar la fe de muchos cristianos del Nuevo Testamento. ¿Cómo fue que la iglesia de Éfeso pudo resistir tal falsedad tan poderosa? Si los hermanos de Éfeso no hubiesen estado ejerciendo sus mentes para discernir verdad entre error, ellos no hubiesen reconocido estos hombres como falsos apóstoles. Pero como los hermanos en Éfeso eran hábiles en el uso de las Escrituras, ellos pudieron discernir que esos hombres no estaban enseñando las verdaderas doctrinas de Jesucristo.

Como los hermanos de Éfeso, los cristianos hoy tienen que constantemente estar en alerta contra falsos ministros cuyas enseñanzas parecen ser de las Escrituras pero son perversiones de las verdaderas doctrinas de las Escrituras. Es nuestra responsabilidad personal como cristianos comprobar y examinar las enseñanzas de cada ministro, maestro o erudito por medio del examen de las Escrituras. A través de seguir el mandato de “examinadlo todo” podremos aprender a reconocer y rechazar la falsa doctrina, y podremos mantenernos firmes en las verdaderas doctrinas de Jesucristo.

La quinta clave vital que debemos de recordar cuando estudiamos las Escrituras es que tenemos que ser guiados por el Espíritu Santo. La Palabra de Dios es llamada la Palabra de Verdad. Además, es el Espíritu de Verdad que nos enseña todas las cosas. La Biblia nos enseña que el Espíritu de Verdad trabaja junto con la Palabra de Verdad para darnos el entendimiento que Dios quiere que tengamos. Jesús dijo, “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñara, TODAS LAS COSAS, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26). Esta es la promesa que Jesús le da a todos que se arrepientan y son convertidos en sus corazones y mentes por el Espíritu Santo.

No es posible para la mente humana no convertida, cual es engañosa sobre toda las cosas (Jeremías 17:9), a llegar a un entendimiento de la Verdad de Dios. En verdad, la mente carnal es hostil contra Dios y no está dispuesta a ser sometida a las leyes de Dios (Romanos 8:7). La Palabra de Verdad y el Espíritu de Verdad no pueden trabajar mano a mano con la mente carnal de engaño. No importa cómo de brillante o cómo de grande sea el intelecto, la Verdad de Dios no es comprendida por sabiduría humana y racionalismo. Es solamente por el Espíritu de Dios que la Palabra de Dios puede ser entendida.

Pablo enseñó que no es por racionalismo humano o intelecto que podemos llegar a un entendimiento de la Verdad, sino a través del ESPÍRITU DE DIOS. “Antes bien, como está escrito: Cosa que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.’

“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; PORQUE EL ESPÍRITU TODO LO ESCUDRIÑA, AUN LO PROFUNDO DE DIOS. Porque, ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino por el Espíritu de Dios....Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando [comunicando] lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural [la mente carnal sin el Espíritu de Dios] no recibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, PORQUE SE HAN DE DISCERNIR ESPIRITUALMENTE” (I Corintios 2:9-14).

¡Sin el Espíritu de Dios, ningún ser humano--no importa como de inteligente--puede entender la Palabra de Dios! Hasta individuos que han recibido el Espíritu Santo de Dios son asediados por obstáculos que pueden prohibirlos de llegar a un entendimiento completo de la verdad. Demasiados de Cristianos han sido envueltos en la política de religión, o la estructura de poder en una jerarquía eclesiástica, o las doctrinas aprobadas de su iglesia, o se han sometido a una autoridad de iglesia lo cual es una invención de los hombres, o ellos ciegamente han aceptado las enseñanzas de maestros, y no son capaz de razonablemente estudiar y completamente entender la verdad espiritual de la Palabra de Dios.

El Espíritu Santo no puede guiarnos a toda la verdad a menos que con diligencia estudiemos las Escrituras con una mente libre de prejuicios, no impedida por las ideas y doctrinas de hombres. Cristianos quienes confían en la autoridad de los hombres en vez de las Escrituras son presa para ministros y maestros cuales profesan a servir a Dios pero no están obedeciendo los mandamientos de Él y no enseñan la Verdad.

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